sábado, 2 de junio de 2012

JUEGOS NOCTURNOS





Las cosas se estaban poniendo feas otra vez. Las voces, esas tan aglomeradas, no paraban de sonar.
Todo el lugar parecía una habitación larga y oscura. Confusa y sin salida. Los pies pasaban de a pares, hacia un lado y al otro. Mujeres, de largas y enredadas piernas que invitaban a seguirlas, marchaban sin esperar, pero las voces, se hacían escuchar. Punzantes.
De fondo se oía la banda tocar, parecía entre el tormento, un símbolo de claridad, pero ya me era casi imposible retornar a la melodía que tiempo atrás resultaba deliciosa e irresistible. Las sombras se hicieron materia, como las otras veces y, entonces todo se confunde. El sonido se ensordece como si permaneciera yo hundido bajo el agua. Las absurdas conversaciones se vuelven parte de una realidad que no me enorgullece. El abismo es cada segundo más abrumador.
Las piernas otra vez. Trato de distraerme viendo faldas y tacos, ya es tarde, empezó el sudor, el corazón late ágil y el cuerpo se prepara para la huida. La sangre transporta adrenalina de los pies hasta la pelvis, puedo sentirla viajar. Cada bocanada de humo me resta segundos en ese lugar. No quiero pertenecer, pero preferiría una salida con estilo y dignidad a la clásica escapatoria que deja sólo miradas atrás, que acompañan luego camino abajo. No, no puedo correr, todos lo están notando, se ve en mi mirada al piso, inundado de vasos de plástico rotos y colillas de cigarrillo mojadas.
Una última inspección a poco más de un metro de altura desde la reposera en la que me había anclado, me revelo una mirada, perdida, autónoma, con esa mezcla de insatisfacción y conformismo que sólo los que no pertenecen saben mostrar. Había cruzado algunas sílabas efímeras con ella, esas de cordialidad y lamento avergonzado. Eso que de alguna forma hace que la persona que reside en el lugar sienta la responsabilidad de ser el anfitrión acartonado del pomposo infierno donde el otra se metió sola.
Quiero salir por la puerta del frente y sin correr ni empujar a nadie como borracho a punto de lanzar el colon por la garganta (aunque en este caso hubiera preferido esto último).
Conté en voz silenciosa algunos segundos de amarga tolerancia extra. Mi cigarrillo de anti-pánico se había ido en un paseo por la vereda minutos antes (debí haber escapado entonces). Ahora saboreaba rústicamente el cigarro que cerraba la noche. Volví a pensar en su mirada escondida tras su pelo oscuro y llano, brillante en esta noche opaca y pretenciosa. La sentí ahí, mirando, supe que así era. Y no era una mirada de deseo, no era tampoco compasión. Era comprensión. Si, ella entendía. Su mirada petróleo brillaba ante la brasa del cigarro prendido por la causa. Su mano, medio desnuda, con los dedos húmedos que casi sentí tocar, estaban un poco inquietas bajo el pullouver de puños sucios. Yo lo sabía. Estaba ahí por la misma absurda razón. Pensé en tomarla del brazo, tembloroso, y escapar por la puerta sin saber donde. Supe que lo habría entendido y sin pensarlo hubiera corrido a la oscuridad de las alcantarillas conmigo. Pero no. Esta era mi razón. Mi necesidad. Suspiré y sin mirar salí. Sin saludar ni ver un solo rostro, solo salí. Gente en la puerta que hasta entonces estaba inmóvil, se asomó queriendo entrar a la par. Ultimo movimiento, ya casi. Contuve el aire y esperé fingiendo un gesto de persona amable. La tercera de la fila se paró por un segundo a verme, después siguió.

Las voces volvieron a reír, fuertes, desahogadas por el alivio de mi ausencia, los muchachos se carcajeaban con risa adolescente. Las mujeres soltaban bocanadas de humo sin procesar haciendo mil ademanes al contar anécdotas llenas de nada.

Lo ultimo que sentí fue su mirada entre su pesado y largo flequillo, siguiéndome hasta la puerta. Fuerte, insegura pero escalofriante como un trozo de hielo en la nuca.
Una vez allí,. todo vuelve a ser mió. Todo vuelve a ser sepia. Y con las manos en los bolsillos de la campera gastada, vuelvo a sonreír, silbando una canción embrujada, camino a paso lento hasta perderme entre los más hermosos cerezos de ceniza y de vuelta a mi silencio.....libre.


Guille Izquierdo
2/6/2012


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