jueves, 26 de julio de 2012

CON OJOS DESTILADOS.






La luz de la mañana alumbraba incluso las sombras de los más añejos árboles ese jueves.
El viento se presentaba en dóciles acordes de arpa, mientras las hojas secas recorrían de punta a punta los ríos indomables del cordón de la vereda.
Era aquel uno de esos días en los que nada puede sorprender, esos en los que todo puede pasar.
Una suave ráfaga agitó las cortinas de la ventana del patio de Sofía.
Ella estaba, como de costumbre, aún con los ojos cerrados. Podía hacer sus actividades matutinas sin abrirlos.
Como siempre, cepilló sus dientes, sin poder aún pensar, lavó su cara y abrió la ducha mientras se desnudaba. Colgó la camisa en el perchero del baño y se frotó los pelos, intentando pisar la realidad de un nuevo día.
Luego se metió suavemente en la ducha, mojando sus pies primero. Luego las piernas, después sus brazos, largos y afilados. Por último su cara, tan suave por la mañana como la luz de un cuarto oscuro. Luego de esto, sus cabellos fueron invadidos por el agua tan caliente, que sólo verla rozar su cuerpo daba calor.
No abrió los ojos en toda la mañana. Siguió así el resto del día, incluso semanas. Meses permaneció con los ojos cerrados a un terreno imposible de sembrar. Ella prefería estar así, con ella y su vapor. Con ojos cerrados a un color difícil de pintar. Prefería vivir de tinieblas internas, que en las perturbadoras  garras de un mundo plagado de estímulos.
Así permaneció. Quieta. Y el mundo girando bajo sus pies. Pero no ella, tan intacta y sensual en su mundo de papel, con unos ojos que el mundo no estaba preparado para conocer.
Así permaneció. A ciegas. Sola con su vapor. Quieta. Como de costumbre.


Guille Izquierdo
22/7/12

LA ASTUTA HONESTIDAD






No fue sencillo en todo este tiempo notar que entre los muertos (que ya sabía de antemano, andábamos entre los vivos como si nada) ronda una especie de mentiroso que parece no ser visto como tal, y se pasea solemne entre los vivos como si fuera uno. Como si pudiera o se  creyera alineado con éstos. Y es que resulta casi invisible para los puros. Y es que se ven transparentes a sus ojos.
Son pensadores, son poetas, son artistas. Son prudentes, cuidadosos y meticulosos en su tara. Son ordenados y de más prolijos. Son rebuscados y sofisticados. Siempre al tanto de las tendencias. Siempre en contra del viento y con la luz sobre su frente en alto. Son los entusiastas de la difamación de lo cierto y lo valedero. Son los enemigos públicos de los mentirosos de pulmón. Son mentirosos de guante blanco. Delincuentes de la confianza.  Negreros y oportunistas. Sutiles creadores de verdades absolutas y paradigmas de la belleza humana. Difuntos activos y selectivos. Corrompedores de las estructuras más delgadas. Artistas plásticos. Moldeadores y escultores de las más frágiles almas.
Son los indetectables e indeseables “honestos astutos”.
Seres inteligentes que gobiernan con irrefutable seguridad comunidades enteras, a través de confusas, pero acreditables teorías sobre todo lo que debe ser para ser más de lo que se puede. Son filósofos de alcantarilla. Son traidores de la poesía como verdad. Son ilusionistas de la palabra. Son guerreros de un imperio sin líder que lucha por ganar un territorio que siente como propio. Son impecables formuladores de obras completas sobre el funcionamiento del mundo. Son más de los que puedo contar. Son demasiados y están sueltos.
Tener cuidado al observar un cuadro, o escuchar una canción. Tener cuidado de no dejarse persuadir en conversaciones de ascensor. Son astutos mentirosos no declarados que aún no descubren su verdad (que es la mentira). Dotados de un sinfín de palabras y símbolos infrahumanos que crean caos y confusión.
Tener cuidado al leer una prosa de un desconocido y prejuicioso mal aprendido. Usted puede estar siendo víctima del más tenebroso estratega. Creador de bellas y baladas ciegas, suaves al paladar pero enfermizas para el alma.
Él no descansará hasta comerse sus entrañas como un cuervo celoso. No verá más que en el fin de su desesperación, la satisfacción de su despliegue bíblico.
Sólo puedo advertir. Más no puedo persuadir. Esos lo dejo a los que saben.

 Guille Izquierdo 
20/7/12

miércoles, 11 de julio de 2012

LA CONEJOMORFOSIS.





Un día pensé en los conejos. Aquellos seres tan frágiles y poco inteligentes. Un día traté de entender por qué a veces éstos deciden vivir a oscuras en sus madrigueras. Creo que todo se explica en una serie de hábitos que la naturaleza tiene.
Se cree que el pobre conejo, poco astuto, sólo se esconde y sólo por eso vive allí abajo. Yo empiezo a creer (seriamente) que los diminutos y peludos animales saben que sólo allí encuentran refugio de mucho más que sólo depredadores.
Es así como hoy decido ser conejo y no más lobo que antes. Tampoco menos.
Me senté en la cama esta tarde, haciendo fuerzas sobrehumanas para empezar la transformación. No sólo hay que quererlo, también hay que hacerlo, ponerse en movimiento. No es fácil ser león, luego zorro, pasar por el lobo y hoy buscar ser conejo. Pero sé que, como siempre, toda transformación viene con más de un nombre y un color. Ésta fase de la transición va a llevar quizás meses de madriguera. La claustrofobia será sólo un recuerdo cuando pueda yo ser conejo. Y no cualquier conejo: uno simple pero especial. Uno que ya fue león, uno que ya fue humano.
Horas de sol y lunas de tabaco van a hacer que el conejo quiera con más y más fuerza permanecer en el hueco. Hacia allá voy.
Y las orejas aparecen como flechas, agudas y filosas, para estar atento a todo lo que pasa alrededor y que tiene que ver con él. Y pronto los bigotes, simpáticos hilos de seda, que me harán permanecer firme y poder medir los espacios, a fin de saber dónde meterme.
Luego vendrá la vista. Esa lateral de más de ciento ochenta grados, con la que el conejo podrá ver más de lo que se cree.
Pronto estará listo el pelaje, que servirá de abrigo hasta que deje de ser necesario y, entonces, éste se caerá, poco a poco.
Sólo entonces, el olfato será más certero que el disparo de un cazador sediento. Con él, el conejo se vuelve casi  invisible, pudiendo anticiparse al entorno. Cada vez más fuerte, el conejo se va alumbrando bajo el diseño más perfecto.
Y luego, casi por último, la agilidad para ser libre. La libertad misma para ponerse en movimiento. La necesidad de correr hacia aquí y saltar esto y aquello que debe pasar por debajo.
Astuto conejo, aquí te espero, sediento de tus dotes, en movimiento en la madriguera. Sin saber cuándo, pero con la certeza de que estarás aquí, en mí. Pronto seré conejo, y no cualquier conejo: uno que de verdad quiere serlo. Y, ¡cuánto peligro! Combinación tenebrosa: El conejo, mitad perro, un cuarto zorro y orgulloso de serlo.
Podría ser lo último imaginado, podría no resultar, podría ser metáfora. Pero no lo es. Es todo lo que sucede con mi cuerpo tras gatillarlo varias veces.
Brindo por última vez con mis dedos que ya casi desaparecen, con los dientes que arañan ya el cristal, y los bigotes que se embeben en cerveza.
¡SALUD!



Guille Izquierdo
11/7/2012