No fue sencillo en todo este tiempo notar que entre los
muertos (que ya sabía de antemano, andábamos entre los vivos como si nada)
ronda una especie de mentiroso que parece no ser visto como tal, y se pasea
solemne entre los vivos como si fuera uno. Como si pudiera o se creyera alineado con éstos. Y es que resulta
casi invisible para los puros. Y es que se ven transparentes a sus ojos.
Son pensadores, son poetas, son artistas. Son prudentes, cuidadosos
y meticulosos en su tara. Son ordenados y de más prolijos. Son rebuscados y
sofisticados. Siempre al tanto de las tendencias. Siempre en contra del viento
y con la luz sobre su frente en alto. Son los entusiastas de la difamación de
lo cierto y lo valedero. Son los enemigos públicos de los mentirosos de pulmón.
Son mentirosos de guante blanco. Delincuentes de la confianza. Negreros y oportunistas. Sutiles creadores de
verdades absolutas y paradigmas de la belleza humana. Difuntos activos y
selectivos. Corrompedores de las estructuras más delgadas. Artistas plásticos.
Moldeadores y escultores de las más frágiles almas.
Son los indetectables e indeseables “honestos astutos”.
Seres inteligentes que gobiernan con irrefutable seguridad
comunidades enteras, a través de confusas, pero acreditables teorías sobre todo
lo que debe ser para ser más de lo que se puede. Son filósofos de alcantarilla.
Son traidores de la poesía como verdad. Son ilusionistas de la palabra. Son
guerreros de un imperio sin líder que lucha por ganar un territorio que siente
como propio. Son impecables formuladores de obras completas sobre el
funcionamiento del mundo. Son más de los que puedo contar. Son demasiados y están
sueltos.
Tener cuidado al observar un cuadro, o escuchar una canción.
Tener cuidado de no dejarse persuadir en conversaciones de ascensor. Son astutos
mentirosos no declarados que aún no descubren su verdad (que es la mentira).
Dotados de un sinfín de palabras y símbolos infrahumanos que crean caos y confusión.
Tener cuidado al leer una prosa de un desconocido y
prejuicioso mal aprendido. Usted puede estar siendo víctima del más tenebroso
estratega. Creador de bellas y baladas ciegas, suaves al paladar pero
enfermizas para el alma.
Él no descansará hasta comerse sus entrañas como un cuervo
celoso. No verá más que en el fin de su desesperación, la satisfacción de su
despliegue bíblico.
Sólo puedo advertir. Más no puedo persuadir. Esos lo dejo a
los que saben.
Guille Izquierdo
20/7/12
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