Y en el reencuentro se encuentra un beso.
Un beso de bienvenida.
¡Qué grato es momento en que las heridas, descocidas, se
encuentran y sangran sudor!
¡Y con cuánto
aferro se atraviesan los dos!
Se penetran.
Uno sobre el otro.
Uno dentro del otro.
Un beso único e irrepetible, apetecible.
La envidia de los que no están allí.
Un momento de ansiedad y anhelo. Es ese revuelo. Es sin
respirar.
Es una bocanada de lo más dulce.
Es un paladar hambriento que devora lo que hay por dentro.
Una sed de milenios que engendra en el vientre un vendaval.
Un misterio que está a punto de resolverse.
Un momento más y ya está.
Es un primer encuentro, ya casi por la mitad.
Y luego de tanta furia, tanta gana consumida.
Tanta magia entrelazada, llega el final.
El último suspiro, desprendido del ombligo.
La razón mejor de haberse rendido.
Y ahora, que ya todo está vacío, hueco y color cristal.
Ahora, el silencio reverbera en la sonrisa que no deja de
mirar.
Claro, que ésta no será la última. Que no dejaremos todo por
la mitad.
……………..
Un momento de ausencia. Una palabra hacia atrás.
Y todo vuelve a empezar.