Resulta extraño ver como una señorita pasa sus horas fuera de casa, hasta entrada la madrugada, con el frío del otoño que anticipa un invierno helado, con los pechos asomados sobre el apretado escote de su mejor musculosa roja, duros por el frío, pero más aún por la edad.
Resulta extraño sentir esa
vergüenza femenina en el aire, de no saber cómo llamar mi atención más que con
el mismo cuerpo, cruzando los brazos por sobre la panza, levantando más aún los
pechos (como si pudieran subir aún más).
Es extraño saber que sólo esta ahí por una razón, no es por sentirse
cómoda en mi compañía, ni por no querer estar sola en casa, ni por los paisajes medievales capturados en la pelícua, es sólo el deseo que la hace quedar. Es ese deseo que me
distrajo mucho tiempo y que ahora lucho por dibujar. El deseo que ya no es deseo,
que se mojó y sólo es tinta corrida en un papel, donde las letras mejor
escritas saben aún nadar. Es ese papel que guardo en el bolsillo izquierdo y
leo cada mañana. Ese que hoy me recuerda cual es mi deseo real. Ese que sigue firme, ese que
no destiñe.
Resulta provocador sentir tanto en un solo día y pensar que las cosas, a
partir de ésta tarde, se confunden entre sí. Que la cama está vacía, que aún
peor, ya olvidé cual es la mía.
Y justo hoy, que las nubes tapan la luna, que asomó por los costados más
siniestros, presumiendo su redondéz; hoy, que la lluvia moja pero no lava; hoy,
que las hojas se secan pero no caen, parece surgir en mí un irreversible imán
de feromonas que brillan en mi lagrimal. Y todo lo que tiene que ver con mujeres
hoy se hace notar. Será quizás la luna llena, que vuelve fieras a las
doncellas; será mi desintención que les llama la atención.
Tanto brillo en las sonrisas y tan opaca hoy la mía. Que no brilla pero es mía.
Es un hecho que en la sombra gana más el ladrón de esquina, que el lobo en
los pastizales más de cerca ve su comida, pero hoy, justo hoy, perdónenme
corazones, no los quiero entusiasmar. Quizás sólo quería compañía, un trago al
calor del fuego y una mirada que sonría.
Justo ahora, que no quiero lastimar más ojos rotos; justo hoy, que me propongo
confiar en mí y dejar el engaño; justo hoy que me emborracho de palabras y luego las
vomito; justo hoy que es injusto, me siento ausente de mí, de vos y de ustedes.
Justo hoy que es injusto, con tanta muerte rondando, pensar en la muerte mía,
que ya murió varias veces y no deja que la viva; justo hoy, que mi locura fue a pasear por tu cintura y
no viene hasta mañana, la muy puta; justo hoy que la necesito, para hacerme de
un buen mordisco, para ser infiel a mi mismo.
Justo hoy te necesito y te fuiste a galopar por los médanos desiertos de una
ciudad fantasma que no quiere progresar; justo hoy que es injusto, me dejas
conmigo así, sólo con esta muerte, sin locura, sin cintura y sin censura.
R.I.P.
En memoria de la locura. Gran inspiración protectora, buena amiga y compañía.
Te vamos a extrañar:
Guille Izquierdo Guille
Izquierdo
4/6/2012 4/6/2012
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