lunes, 18 de junio de 2012

CON LA PIEL A CUESTAS





Esta es la historia de una verdad condenada por la injusticia

sentenciada a muerte por un oscuro y torpe verdugo,

que viste de verde musgo y entre la maleza se esconde.

La mentira, su fiel amiga, llora por los rincones

no sabe ella de razones, no entiende de corazones.

Llora pues debe hacerlo, más ríe haciendo canciones.

 

La muerte acudió a la cita, relamiéndose los talones.

Ansiosa esperó a que se abra el telón, para dar vuelo a su actuación.

 

- ¡Hm! Bienvenidos todos sean a otra de mis funciones.

Las damas estén primero, los niños y los señores.

Vengan luego los perros, y así también los leones.

Acérquense las serpientes, las tortugas y camaleones.

Sean  bienvenidos todos a esta fiesta de elegancia, a esta cita de lujuria, miedo y desesperanza.

¡Sepan que esto es real, sepan que así es la vida!

¡Sepan que la verdad muere por la mentira!-.

 

La muerte tomó su daga, esa que tanto afilaba.

Miró hacia la manada y, dando su mejor golpe, la cortó en mil rebanadas.

La verdad cayó desangrada, a los pies de todo el mundo.

La mentira quiso llorar, pero reírse solo supo.

 

- Tuvo una muerte decente- decían los escorpiones.

- Supo ser diferente- dijeron los más copiones.

- Quisiera ser como ella- dijo doña serpiente.

Y niños, hombres y bestias mostraron allí los dientes.

 

Así es como entonces, rodeada de tanta muerte,

la piel dejo entre la gente y huyó la pobre serpiente.

Sin saber donde iría, sintió que entonces debía

dejar su imagen atrás, pues ésta ya no servía.

 

Anduvo andando por andar, sin saber donde andaría,

inspirada por la valentía de una auténtica osadía,

acosada por los paladares más hambrientos de la jauría,

su piel nueva quiso llenar con verdades y mentiras.

 

Vagó por el mundo entero, juntando coraje y callos,

comiendo gotas de lluvia y durmiendo en soles sin rayos.

Quiso andar escondida en los árboles del olvido,

y supo verse perdida en las tormentas sin abrigo.

 

 

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Yo voy siguiendo su rastro, entre lagos escamados.

Piel a piel me voy vistiendo con los sueños que ha dejado.

Siento su olor a los lejos, y es que ya casi la alcanzo.

Mi piel ya no siente frío, sueño a sueño la fui abrigando.

 

 

Guille Izquierdo

14/6/12

 

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